domingo, 30 de enero de 2011

"Si eres maltratada, miran a otro lado"


"¿Por qué tengo que seguir mirando hacia atrás, por qué tengo que cambiar a mis niños de colegio, por qué no puedo tener un trabajo, por qué me pasa a mí todo eso y él, que ha sido el que me ha maltratado durante años, puede llevar una vida tranquila?". Catalina se hace miles de preguntas y, por más que lo intenta, no obtiene respuestas. Lleva más de un año y medio buscando un empleo y cuando parece que la van a contratar, todo vuelve al principio. "Las empresas no quieren saber nada de mi problema, miran para otro lado", lamenta sin entender el estigma que todavía hoy supone el maltrato.
Su marido le armó un espectáculo en el trabajo y la despidieron
Catalina, que no quiere decir su verdadero nombre ni su lugar de residencia, consiguió en junio de 2009 un puesto de trabajo en un supermercado, pero lo perdió un mes después, justo cuando acababa el periodo de prueba. Un día antes, su marido se había presentado en el establecimiento. "Me montó un pollo impresionante, me gritó que me iba a matar. Tuvo que venir la policía, que volvió a recogerme cuando terminé mi jornada laboral", explica.
Al día siguiente, recibió una carta de la empresa en la que le notificaban que no había superado las pruebas. "Ni una palabra más, ni un motivo, no me dieron ninguna explicación", recuerda. El supermercado ha eludido responder a este periódico. No era la primera vez que su marido quebrantaba la orden de alejamiento, en vigor desde 2008. Él todavía no ha sido enjuiciado.

Búsqueda sin resultado

De nuevo en casa, Catalina continuó enviando su currículum a decenas de empresas. La llamaron de varias compañías, algunas de telecomunicaciones, pero la historia volvía a repetirse justo cuando le preguntaban por el último trabajo que ponía en el papel. "Siempre he ido con la verdad por delante, digo que no superé el periodo de pruebas porque mi marido me la había montado, que tiene una orden de alejamiento y que yo tengo un dispositivo de teleasistencia que puedo usar si veo peligro para que venga de inmediato la policía. En ese momento todo cambia, las empresas te miran como un problema y la respuesta siempre es la misma: que ya me llamarán", añade. Y hasta ahora, nunca la han llamado.
Tiene 35 años, dos niños, una hipoteca de 250 euros al mes, la factura de la luz, del agua... y sólo cobra los 420 euros de la renta activa de inserción, una ayuda que reciben las mujeres que sufren maltrato. "El padre ni les pasa la pensión ni quiere saber nada de ellos", añade.
Hay asociaciones de mujeres maltratadas que incluso han creado sus propias empresas para ayudar a salir a otras mujeres de la espiral. Desde 2008, la Fundación Ana Bella, por ejemplo, ha dado empleo a 78 supervivientes de la violencia a través de su compañía Servicios Integrales Solidarios. "Las empresas no te pueden ver como un problema, hay que aprovechar las cualidades de estas personas y más en tiempos de crisis. Tienen mucha fuerza y hay que convertir en positiva toda la energía que han gastado en resistir la violencia", afirma la presidenta, Ana Bella Estévez, maltratada durante 11 años.
Su fundación empieza por el trabajo, junto a la ayuda psicológica. "No ponemos condiciones, no es necesario que haya una denuncia porque, en muchas ocasiones, la mujer denuncia cuando ya tiene un trabajo", explica.
Catalina nunca había trabajado. Se casó con 20 años. "Me dolía más que me dijera que no valía para nada que sus golpes; y lo peor es que yo creía que era la culpable", reflexiona. Ahora lleva cuatro años divorciada, pero hubo un tiempo para volver a intentarlo. Todo fue peor.

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